Apuntes del expolio de San Baudelio

En medio de la Soria fría e inhóspita, junto a una ladera a kilómetros de la población más cercana, se eleva una palmera de piedra. Es el nombre que recibe popularmente el machón central de la ermita de San Baudelio, cerca de la localidad de Casillas de Berlanga.

La apodan “monasteriolo”, pues la pequeña iglesia no mide más de apenas ochenta metros cuadrados. Conecta con una gruta excavada en la montaña. Debió ser refugio de una reducida comunidad de monjes que se tomó muy en serio aquello de fuga mundi.

Lo que más impresiona al viajero que entra en ella es su excepcional arquitectura. Bajo la tribuna, escondido, hay un diminuto bosque de columnas que imita las salas de oración de las mezquitas. Del machón central nacen ocho arcos de herradura, como ramas estirándose, que sujetan la bóveda del edificio, en una alusión al árbol del paraíso

Ermita de San Baudelio (Casillas de Berlanga) | Turismo en Soria
Imagen de sorianitelaimaginas.com

Lo más espectacular son los frescos que la revisten, o que lo harían si no estuviesen desperdigados por distintos museos del mundo. Lo único que queda ahora de esta “Capilla Sixtina” del prerrománico son apenas unas sombras. Los muros de este oasis en medio de la llanura soriana estaban revestidos con escenas del Evangelio, con motivos animales y escenas de caza que distintos autores han querido relacionar con el camino del alma y las virtudes cristianas.

La causa del desnudo

Lo cierto es que es que el expolio es un síntoma de lo que en España se ha valorado el patrimonio artístico y cultural hasta hace relativamente poco. Durante años sirvió de corrala donde guardar ovejas y hasta 1917 no fue declarada Monumento Nacional. Tanto podemos ignorar lo que tenemos.

Pronto, coleccionistas y compradores internacionales pusieron el ojo en San Baudelio. Un día de verano de 1922 se presentaron 20 vecinos de Casillas, propietarios del monasteriolo, en la Comisión de Monumentos de Soria, anunciando que habían recibido una oferta. Leon Levi, marchante de arte, había ofrecido 50.000 pesetas por los frescos.

ARTE] Así están repartidos los frescos mozárabes de San Baudelio ...
Detalle del friso inferior

A pesar de la negativa de la comisión, pronto corrió la noticia de que la venta se había realizado por cerca de 70.000 pesetas. Pronto la noticia llegó a oídos de las autoridades locales.

El 3 de julio, el capitán de la Guardia Civil de Berlanga (…) recibió la confidencia de que varios extranjeros estaban trabajando día y noche en la ermita de San Baudelio para arrancar las pinturas que decoraban sus muros interiores.

Tras el chivatazo, la benemérita se presentó de madrugada en la ermita, para encontrar efectivamente a dos de los hombres de Levi, y los muros cubiertos de lienzos. A esto siguió una persecución policial a un vehículo sospechoso que salía de Casillas, digno de película. Desafortunadamente, el coche escapó, y los muros ya habían sido despojados.

La opinión pública explotó. Se iniciaría entonces un largo proceso judicial que llegaría al Tribunal Supremo y que duraría hasta 1925, sorprendentemente, con fallo a favor del marchante. Al parecer, el despojo se había hecho al amparo de la ley, pues las Cortes consideraron que el arranque de las pinturas no suponía un deterioro del edificio, como si los frescos no fuesen parte del interés artístico e histórico de la ermita.

Lo más sangrante

Las pinturas fueron trasladadas, y de ellas solo nos quedan vestigios y siluetas. La mayoría están en museos norteamericanos, muchas en The Cloisters del Metropolitan. Pero eso no fue lo más dramático. El Gobierno permitió el escandaloso intercambio entre el Metropolitan y el Prado, por el cual se devolvían tres paneles de San Baudelio a cambio del ábside de otra iglesia segoviana, San Martín de Fuentidueña. Hoy se pueden ver los lienzos en el museo madrileño.

Tanto el expolio como el cambiazo nos hacen llevarnos las manos a la cabeza. Lo que más nos escuece es que sean hechos tan recientes ¿Cómo es posible que hayamos tardado tanto en valorar nuestro patrimonio artístico? No hablamos solo de reconocer y apreciar lo que tenemos, sino de poner medios para su cuidado y preservación. San Baudelio ahora está desnudo, y es una visión tan digna de lástima que inspiró Gerardo Diego a escribir lo siguiente:

Elaboración propia

Bibliografía: MARTÍNEZ RUIZ, M. J. “La venta y expolio del patrimonio románico de Castilla y León: el caso de las pinturas murales”. La diáspora del románico hispano: de la protección al expolio Valladolid, 2013, pp. 11-57.

El universo de Remedios Varo

Olvidada por la tierra que la vio nacer, exiliada de todas partes, opacada por los pintores del movimiento surrealista: así ha tratado la historia a una de las artistas españolas más enigmáticas y brillantes. Remedios es una de muchas pintoras que, tras décadas en segundo plano, son “descubiertas” a posteriori. Ahora, nos toca compartirla con México, que la reivindica como suya, y con razón, pues fue allí donde desarrolló gran parte de su obra y donde permanecen la mayoría de sus pinturas.

Nació en Anglès, en 1908. Fue de las primeras mujeres en ingresar en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, pasando el examen con tan solo quince años. Durante los años 30 se estableció en Paris para alejarse de la guerra, acompañada de Péret, de quien se enamoraría en Barcelona. Allí se codeó y bebió de los fundadores del movimiento surrealista: el mismo Péret, Bretón, Eluard…, pero sin destacar, como también ocurriría a Leonora Carrington o Dora Maar. La crítica de arte no siempre ha sido justa con mujeres que no tenían qué envidiar a hombres de apellido con más eco.

Remedios pintando en su casa

No obstante, esta primera formación fue determinante para que empezara a desarrollar un simbolismo propio, un universo personal y un discurso visual que dista mucho de otros artistas del movimiento, y que llegará a su plenitud cuando la invasión nazi la lleve a exiliarse a México. Hay quienes, de hecho, prefieren considerarla pintora simbolista antes que surrealista.

Su estilo y lenguaje recibe muchas influencias, tanto de pintores como el Greco o el Bosco (de quienes recogerá esa atmósfera sobrenatural y las figuras estilizadas), como de sus inquietudes por la magia, el esoterismo, la alquimia y el psicoanálisis. Veremos en su obra vestigios de todas esas disciplinas, que conjugan la naturaleza con la experimentación científica, el mundo físico con lo místico.

Mujer saliendo del psicoanalista (1960)

Cada obra suya cuenta con un discurso individual, casi como si narrara un cuento o una fábula sobre la propia naturaleza humana. Aun así, hay muchos símbolos constantes, que proporcionan una unidad al conjunto de su producción, y que proceden directamente de los temas metafísicos por los que sentía debilidad.

La alquimia, por ejemplo, es una de sus principales inspiraciones. Se interesó mucho por una ciencia que, más allá de la transmutación de metales en oro, buscaba comprender los principios constitutivos del universo. En realidad, el oro simbolizaba la perfección, pero no solo a nivel químico, sino que se refería a la perfección espiritual. Lo que Varo nos relata es ese desarrollo individual, equiparable a la transformación de la materia.

Hay infinidad de símbolos, pero destacamos dos fundamentales para comprender la narrativa de sus pinturas: el viaje y la torre. Son dos caras de la misma moneda, las vías para alcanzar el conocimiento y esa plenitud anterior.

“En su imaginario pictórico, la intimidad de la torre (introversión) y la actividad viajera (extraversión) constituyen rutas paralelas que se conjugan en el conocimiento del sí mismo y del mundo”, resume Alma Barbosa.

Vemos obras protagonizadas por vagabundos, peregrinos, caminantes por caminos inhóspitos, a veces con la casa a cuesta, significando tanto la libertad como el arraigo. Ese viaje exterior es metáfora del viaje íntimo, de la introspección, que hace el individuo al crecer hasta llegar a una “perfección”. Es, no obstante, un viaje solitario y silencioso el del autoconocimiento.

No es raro ver que combine esto con la torre. Esta es a su vez metáfora del conocimiento, pues es entre las paredes de un espacio íntimo donde se puede dar rienda suelta a la creatividad, tanto para el arte como para la comprensión del mundo. Vemos torres donde se juega con los astros, con elementos de la naturaleza, con la música, con la pintura… ahí dentro se gesta el conocimiento.

Remedios moriría a los 55 años de un infarto de miocardio, habiéndonos dejado una inmensa producción, tanto en cantidad como en significado. “El surrealismo reclama toda la obra de una hechicera que se fue demasiado pronto”, escribiría Bretón tras su muerte.