¿Qué significa sororidad?

Es prudente decir que a estas alturas todos habremos oído en algún momento este término que, poco a poco, se ha hecho hueco en los medios de comunicación. Su normalización llevó a que en 2018 la RAE la incorporara al diccionario, una victoria para los colectivos feministas, que la enarbolan como bandera. Sororidad hace referencia a la relación de solidaridad que se crea entre mujeres para alcanzar un objetivo común: la igualdad, el empoderamiento.

Se trata de un neologismo que en realidad cubre un importante vacío léxico, y su formación imita la de el término fraternidad, de frater, hermano, pero a partir del latín soror, hermana. Su uso se extendió a partir de los años 70, con el feminismo estadounidense (en inglés, sisterhood), y llegó al español a través de la antropóloga e investigadora mexicana Marcela Lagarde, que lo tradujo con la connotación feminista que hoy todos conocemos: “Encontré este concepto y me apropié de él, lo ví en francés, ‘sororité’ y en inglés, ‘sisterhood’”.

No obstante, el término como tal ya había sido empleado por una autoridad mucho antes, si bien de forma similar, no con los matices que ha adquirido. Pocos saben que, en realidad, la palabra sororidad la acuñó Unamuno en el prólogo de La Tía Tula (1921). En él hace una maravillosa reflexión antropológica y escribe lo siguiente:

«Así como tenemos la palabra paternal y paternidad, que deriva de pater, padre, y maternal y maternidad, de mater, madre, y no es lo mismo, ni mucho menos, lo paternal y lo maternal, ni la paternidad y la maternidad, es extraño que junto a fraternal y fraternidad, de frater, hermano, no tengamos sororal y sororidad, de soror, hermana. En latín hay sororius, a, um, lo de la hermana, y el verbo sororiare, crecer por igual y conjuntamente».

Así, pone distancia entre ambos términos, como si la hermandad cuando viene de hombres y mujeres no tuviese las mismas connotaciones. Y es que, de hecho, no son iguales. Unamuno pone como ejemplo a Antígona para ilustrarlo: “Sororidad fue la de la admirable Antígona, esta santa del paganismo helénico, la hija de Edipo, que sufrió martirio por amor a su hermano Polinices, y por confesar su fe de que las leyes eternas de la conciencia, (…), no son las que forjan los déspotas y tiranos de la tierra, como era Creonte”.

Antígona y Polinices
Antígona intenta dar sepultura a su hermano Polinices

Antígona muere por dar digna sepultura a su hermano, a pesar de ser este un traidor a la polis, un fratricida, una deshonra. Sófocles nos muestra cómo una mujer se enfrenta a la ley, a la ley positiva, la ley de los hombres, porque ve que hay algo por encima de ello: una ley moral, no escrita, pero que está grabada en nuestra conciencia, para con nuestros iguales. Creonte es símbolo de civilización, de lo que es civilizadamente justo; Antígona eleva lo humano, lo “doméstico”, en palabras del autor bilbaíno.

“¿Caben civilidad y civilización donde no tienen como cimientos domesticidad y domesticación?”

Quizás en eso reside el significado más profundo de la sororidad, el que todavía se reconoce cuando se hace mención hoy en día al término: en la sensibilidad de una hermana para detectar una injusticia y solidarizarse, compadecerse, sacrificarse. Sororidad es reconocer las desigualdades y apoyarnos unas a otras para hacer prevalecer lo que es moralmente superior.

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